Ebed‑Melech: el eunuco que rompió el silencio del asedio
En Jeremías 38‑39 encontramos a un personaje improbable: Ebed‑Melech, un eunuco etíope a cargo de la casa del rey. Su presencia en medio del asedio de Jerusalén por Nabucodonosor da voz a la justicia cuando todo parece perderse. La historia sitúa a Ebed‑Melech junto a Jeremías, condenado a permanecer en una cisterna y, ante la resistencia de la corte, él intercede para salvar al profeta.
Contexto histórico: el profeta Jeremías advierte sobre el inminente juicio de Dios a Judá; los líderes buscan silenciar la voz de la verdad, mientras la ciudad se desmorona. En este marco, Ebed‑Melech entra en escena (Jeremías 38:7‑13) como un actor fuera de la élite, un outsider de la corte que actúa con compasión y fe. Su intervención culmina con la orden real de sacar a Jeremías de la cisterna y su supervivencia, una nota de esperanza en medio del juicio.
“Ebed‑Melech, el etíope, se levanta para abogar por Jeremías y logra que lo sacaran de la cisterna”
Significado original: su nombre significa “siervo del rey”, y su identidad como Cushita resalta su condición de extranjero. Esto subraya una lección teológica clave: la fe no depende de la posición social, del linaje ni de la pertenencia a la élite; la esperanza y la acción de Dios se manifiestan incluso a través de los que la cultura suele marginar. Ebed‑Melech representa la justicia en acción, un recordatorio de que Dios puede usar a quienes la sociedad descarta para cumplir sus propósitos.
Aplicación práctica y disruptiva para la vida moderna: cuando confrontamos sistemas que oprimen o callan a los vulnerables, ¿nos sumamos al llamado de intervenir? En nuestra cotidianidad, la fe se demuestra en la acción concreta: defender a quienes están “en la cisterna” de la indiferencia, alzar la voz ante la injusticia institucional y buscar puentes entre comunidades. En Jeremías 39:16‑18, Dios recuerda su promesa de bendición a Ebed‑Melech por su fidelidad, recordándonos que la justicia de Dios no queda sin recompensa.
En definitiva, Ebed‑Melech nos invita a ver a los marginados no como simples casos, sino como potenciales instrumentos de salvación divina. En Cielo y Verdad, este perfil menor ilumina una vida de fe que es tangible, práctica y radical, capaz de atravesar muros culturales para acercar la verdad de Dios a un mundo herido.

