Entre muros y misericordia: la fe que salva
En Josué 2, la historia de Rahab la prostituta de Jericó no llega como una hazaña heroica de conquista, sino como una lección sobre cómo Dios teje su plan a través de quienes menos esperamos. Jericó era una ciudad amurallada en la frontera de la tierra prometida; los espías israelitas llegan para evaluar la ciudad, y Rahab los acoge en su casa, ocultándolos de la guardia nocturna (Josué 2:1-4).
El acto de Rahab implica mucho más que “ayudar a los espías”. En Josué 2:18-21, ella propone colgar una cuerda escarlata en su ventana para que, cuando la ciudad caiga, su familia quede protegida. Este detalle simbólico –la cuerda escarlata– está cargado de significado: representa la sangre de la redención que anticipa una promesa mayor que la violencia de la conquista (Josué 2:21).
En el plano teológico, la historia de Rahab enseña que la salvación no depende de linaje o de ser la persona más visible, sino de la fe que se traduce en acción. En Hebreos 11:31 se afirma: “Por la fe Rahab, la ramera, no fue destruida con los que no creían, cuando recibió a los espías en paz.” Y en Santiago 2:25 se añade que su fe fue acompañada de obras cuando protegió a los mensajeros; no hay fe sin respuesta ética.
Por la fe Rahab, la ramera, no fue destruida con los que no creían, cuando recibió a los espías en paz.
Aplicado a la vida contemporánea, este relato desafía nuestras ideas de mérito y pertenencia. ¿Qué muro estás dispuesto a cruzar por la justicia y la hospitalidad? ¿Qué cordón escarlata podrías extender hoy –una invitación, un recurso, una voz de denuncia, una ayuda práctica– para acoger a quienes llegan a nuestras ciudades, comunidades y mesas?
La historia nos invita a reconocer que Dios no necesita “grandes” para cumplir sus promesas; necesita fe que se mueve, toma riesgos y actúa. Rahab y su familia fueron salvadas cuando Jericó fue destruida (Josué 6:25), un testimonio de que la fidelidad de Dios alcanza a los que confían en Él, incluso desde rincones marginados. Este mensaje transforma la historia en una llamada a la acción ética y a la hospitalidad que cambia comunidades.

